Lectio difficilior (I)

     “¿Por qué no habremos de seguir en la enseñanza del latín el mismo rumbo marcado por la naturaleza, que en todo procede con igual consecuencia y uniformidad? ¿Por qué no hemos de conducir a la tierna juventud hasta el punto más o menos elevado que nos proponemos, siguiendo las sendas más practicables, en vez de hacerla trepar violentalibro.jpgmente a la eminencia por asperezas inaccesibles…

     …Los profesores experimentados saben muy bien cuántas angustias y sudores cuestan a los niños los primeros pasos que dan en la traducción. Es verdad que para suavizarles el camino en la parte posible se ha procurado que empiecen sus ensayos por las Fábulas de Fedro y Cartas Familiares de Cicerón. Se ha dicho y querido sostener que la sencillez misma de esas piezas y el interés de sus agrumentos son un doble motivo para que los niños no desmayen en sus tareas. Pero ante la experiencia no hay razones; y lo que diariemente estamos observando viene a echar por tierra tal aseveración. No nos alucinemos: la dificultad así como la sencillez de las cosas son relativas. No hay teoría, por difícil que sea, que no llegue a ser sencilla para aquél que la comprende; y lo más sencillo aparece intrincado y árduo para el hombre que lo ignora. Para conocer de cuánto sean capaces los niños es preciso hacerse niño. Sencillas son sin duda, absolutamente consideradas, las Cartas de Cicerón; pero la la naturaleza e índole de este género de escritos los hace muy poco a propósito para que puedan servir de texto en los primeros ensayos sobre la versión latina. A nadie se le oculta que la parte más difícil de un idioma está precismante enlos modismos: ¿y en dónde abundan éstos tanto como en el lenguaje familar? Sencillas las Fábulas de Fedro; pero al fin son poesías; y siéndolo, precisamante han de tener una fisonomía especial, unos giros peculiares, un estilo y un lenguaje exclusivo, que en nada ha de parecerse al de la prosa.

     Estas y otras consideraciones que omito por no molestar demasiado a mis lectores, me decidieron a disponer el Curso práctico de latinidad que hoy presento al público. He procurado no fatigar la imaginación de los alumnos con la interminable y cansada exposición de marchas, fortificaciones, encuentros, asedios, asaltos, batallas, victorias y derrotas, que hacen el gasto principal en otras Colecciones…”

                         Raimundo Miguel, Curso práctico de latinidad, Burgos 1859

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